Cuando los católicos nos reunimos, lo hacemos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El saludo desea que el Señor esté con nosotros. Jesús nos llama a reunirnos en Su nombre. Somos la comunidad del Resucitado. Una comunidad de amor fraterno y perdón que nos lo regala Dios y nos lo damos entre nosotros cuando fallamos en el amor.

La comunidad debe hacer cercana la presencia de Jesús. Pertenecer a una comunidad es ver las posibilidades concretas y creativas para el encuentro con Jesús, es comprometerse a evangelizar en comunidad.

La Palabra de Dios reflexionada en comunidad ilumina la vida sacramental.

La Palabra de Dios genera la adhesión a Jesús, cercano en la comunidad para recrear la verdadera Iglesia.

Somos la Iglesia reunida en el nombre de Cristo, la comunidad que Jesús soñó.

La comunidad de Jesús será lo que seamos sus miembros. Si en nuestra comunidad hay suficiente madurez para la corrección fraterna, seremos una verdadera familia. Debemos sembrar la humildad, la alegría y la esperanza, sabiendo que somos sal y luz.

Una comunidad debe orar con confianza. Solos no podemos. En comunión con Cristo todo es posible.

Los laicos debemos formar comunidades atractivas: "miren cómo se aman". Somos responsables para generar verdaderas comunidades cristianas.

Fuente: Mensaje Padre Ricardo Facci, fundador Hogares Nuevos



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