En su reflexión semanal el Obispo Emérito de la diócesis mexicana de San Cristóbal de las Casas, Monseñor Felipe Arizmendi nos invita a seguir con responsabilidad las normas sanitarias con la esperanza de que esto permita el paso rápido de la pandemia y en el futuro disfrutemos del encuentro cara a cara con los que amamos.

Por la pandemia COVID-19, no hemos podido estar cerca de familiares, amigos, vecinos y compañeros de escuela o de trabajo, ni en fiestas, ni en situaciones críticas. Lo más triste es que no hemos podido visitar a enfermos, para consolarlos y fortalecerlos, y no ha sido posible que las familias acompañen a sus parientes agonizantes, ni que celebren sus funerales como es tradicional. Tampoco han podido los fieles creyentes participar físicamente en las celebraciones de su fe, y la pastoral en las parroquias no se ha desarrollado como siempre.

Sin embargo, los modernos medios electrónicos nos han mantenido cercanos y unidos.

Confinados en nuestra casa, nos hemos mantenido en comunicación constante con quienes hemos deseado contactarnos.

Con todo, la cercanía virtual no es lo mismo que la física. Caricias, abrazos y besos electrónicos nunca serán lo mismo que los presenciales. De igual modo, participar en una Misa virtual no expresa la misma profundidad que una presencial. En caso de necesidad, suple una carencia y una limitación, pero siempre hay que anhelar el contacto físico.

La cercanía física es determinante y siempre hemos de procurarla, cuando las condiciones sanitarias lo permitan. Por ello, hay que tomar muy en cuenta el peligro del que nos advierte el Papa Francisco: “Las dinámicas de los medios del mundo digital, cuando se convierten en omnipresentes, no favorecen el desarrollo de una capacidad de vivir sabiamente, de pensar en profundidad, de amar con generosidad”.

Fuente: vaticannews.com



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