El laicado es la Iglesia

Estamos acostumbrados a ver el rostro de la Iglesia en el sacerdote o las consagradas. Es necesario que el laicado también sea el rostro de la Iglesia.

Que los niños vean el rostro de Iglesia en el papá o la mamá, los obreros en sus compañeros, los comerciantes en sus clientes, maestros en alumnos, que el barrio sea una Iglesia para sus vecinos….

El laico debe tener conciencia no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser Iglesia, como primer paso; y como segundo, lanzarse a responder al llamado que Dios le hace al hombre, a la primera vocación: la santidad.

Es urgente, hoy más que nunca, que todos los cristianos vuelvan a emprender el camino de renovación evangélica, "ser santos en toda conducta" (I Ped 1,15).

Los santos y santas han sido fuentes de origen de renovación en las circunstancias más difíciles de toda la Iglesia. Hoy tenemos gran necesidad de santos. Los fieles laicos han de considerar la vocación a la santidad como un signo infinito del amor del Padre.

Debemos crecer en la vida de santidad haciendo de nuestro rostro y el de nuestras familias, un rostro atractivo, por estar Jesús en nosotros.

Fuente: Extracto de libro Corazones Fecundos para crecer en pareja. Padre Ricardo Facci



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