Si nuestra familia es una pequeña iglesia, la casa es un templo, en el cual hay altares: la mesa familiar, el lecho matrimonial...y si hay altares hay sacrificios: el pan cotidiano, el amor expresado.... Qué importante es poder realizar en lo cotidiano del hogar estas formulaciones. Que el hogar sea un lugar donde se descubre a Dios en cada momento y en cada rincón. Dios es parte fundamental de la familia.

Por el Sacramento del Matrimonio, Jesús vive plenamente entre los esposos, Él fue a vivir a su casa. Se instaló para transformar el amor humano, limitado, en un amor total, infinito, como el de Él por la Iglesia.

Por ello es necesario amar el hogar que se tiene, mirarlo con respeto y simpatía. Nunca avergonzarse de la pobreza ni sentirse orgulloso de las riquezas. Dejar al Señor ser el dueño de casa. Que cada familia sea una pequeña iglesia doméstica.

Del libro: "Corazones fecundos ", Padre Ricardo E. Facci



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