Como sociedad y miembros de Hogares Nuevos, ante los embates permanentes que sufren la vida y la familia, y frente a los desafíos que debe necesariamente responder, renovamos nuestro compromiso en favor de la dignidad de la vida humana, comenzando por los más débiles e indefensos, quienes deben ser respetados y tratados como personas desde el instante mismo de su concepción, para que siempre y en todas partes sea posible una acogida digna a toda creatura.

Como nos enseña el catecismo de nuestra Iglesia Católica, “La vida humana ha de ser tenida como sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la Vida desde su comienzo hasta su término, nadie en ninguna circunstancia puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente” (CIC 2258).

Cuando se pierde el sentido de Dios, también el sentido del hombre queda amenazado y contaminado.

La vida humana no es una hipótesis que debe ser demostrada, es una realidad biológica. El progreso de la ciencia confirma una y otra vez su inicio desde la concepción, traducida en la unión del espermatozoide con el óvulo; además, la fecundación confirma un nuevo ser con un código genético singular que se desarrolla, siente y se desenvuelve, independientemente de la madre, aunque dependa físicamente de ella.

Como sociedad y miembros de Hogares Nuevos, ante los embates permanentes que sufren la vida y la familia, y frente a los desafíos que debe necesariamente responder, renovamos nuestro compromiso en favor de la dignidad de la vida humana, comenzando por los más débiles e indefensos, quienes deben ser respetados y tratados como personas desde el instante mismo de su concepción, para que siempre y en todas partes sea posible una acogida digna a toda creatura.

Reconocemos los derechos de la persona humana, principalmente de los más pobres, pequeños, débiles y sin voz; de un modo particular no se debe atentar contra la vida, ya que el derecho a la vida es el primero y principal, causa y razón de los demás derechos; por lo tanto como Movimiento de familias de la Iglesia Católica, no podemos reconocer al aborto, de ninguna manera, como un derecho sustentado por el estado. Concebir la vida humana como un objeto puede llevar a hacer lícita cualquier intervención sobre la misma, hasta llegar incluso a eliminarla.

Como decía San Juan Pablo II, “el aborto es un atentado contra la vida humana que tiende a perder en la conciencia colectiva, el carácter de delito y a asumir paradójicamente el de derecho hasta el punto de pretender con ello un reconocimiento legal por parte del estado”.

Nuestro compromiso irrenunciable es: escuchar, comprender y acompañar desde nuestro lugar a fin de salvar siempre las dos vidas: la de la madre y la del hijo por nacer.

Como padres y familias cristianas, debemos unir nuestras voces y nuestras oraciones, luchar por la verdad y defender la vida. Tomemos conciencia que un hijo es un misterio, es un regalo, es un don que Dios nos brinda y que debemos tener siempre nuestros ojos fijos en la Sagrada Familia de Nazaret. ¡Qué más incomprensible que el anuncio de un niño a una joven virgen como María y a un hombre bueno como José, que aunque conocía su virtud, sabía que no habían convivido! Sin embargo ese SÍ generoso, ese HÁGASE tu voluntad, permitió abrir la puerta al milagro más grande de la humanidad: “DIOS CON NOSOTROS”.

Secretaría de promoción y defensa de la Vida- Hogares Nuevos - Obra de Cristo



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