¿Qué es? Un misterios de amor, entre un Dios que llama por amor y un hombre que le responde libremente y por amor. Un llamado a seguir en el mundo, para salvarlo, pero sin ser del mundo. Un llamado a ser puente entre Dios y los hombres.

¿Cómo descubrirla? Hay infinitas formas a través de las cuales Dios llama a su servicio. Aquí mencionamos algunos de los síntomas más frecuentes: quieres hacer algo grande en tu vida; sientes que Dios está esperando algo más de ti; te preocupa el dolor de los hombres; experimentas en tu corazón una inclinación para reconstruir la familia, por ayudar a que sean felices, por contribuir con los jóvenes para que se formen convenientemente y así lleguen a ser verdaderos hombres del mañana; la vida de un joven “normal” te gusta pero sientes que falta algo. Un plan especial de Dios: una vocación es el camino particular en la vida que te traerá una de las felicidades más grandes sobre la tierra y en la eternidad. Una vocación consagrada es una gracia magnífica de Dios, pero es sólo el comienzo de una larga cadena de gracias con las que se debe cooperar sirviéndole con amor y fervor. Al ser fiel a una vocación, el sacerdote o la consagrada son capaces de cambiar el mundo, de ganar el mundo para Cristo, de restaurar todas las cosas en Cristo. En la decisión de la vocación, lo esencial es entender que es la voluntad de Dios, no lo que a uno más le gusta. Quiera Dios concederle a muchos jóvenes la generosidad y la dedicación para satisfacer las necesidades de nuestro tiempo. ¡La cosecha es grande y pocos los trabajadores! Fuente: “El desafío de ser un joven cristiano hoy”, Ricardo E. Facci y otros autores.



Material de descarga





Compartir: