Testimonio de la hermana Isabel Figueroa Suárez, asesora nacional argentina, Movimiento HHN

La vocación a la vida consagrada parte de un llamado de Dios, es un regalo, una invitación concreta a pertenecerle todo a Él. La palabra "consagrado" significa "separado", colocado en manos de Dios.

Ser Consagrada Misionera de la Familia es aceptar ese llamado personal y permitir que Dios tome mi vida y la llene plenamente de Su Amor.

El Papa San Juan Pablo I dijo: "La vida consagrada es prolongación de una especial presencia del Señor resucitado". La consagración a Dios es una opción libre, que no se define por lo que uno deja sino por lo que uno elige, que no es otra cosa que vivir como vivió Cristo: pobre, obediente y casto. Exclusivamente dedicado a hacer la voluntad de Dios y a servir a los hermanos.

En nuestra sociedad está opción radical por Dios es una verdadera locura, no se puede entender, no se acepta; sin embargo, hoy como ayer, Dios sigue llamando.

Hay jóvenes, varones y mujeres, que valientemente dejan todo: familia, estudios, trabajo, patria y se lanzan a esta hermosa aventura.

Los votos o compromisos son: -pobreza: en el orden espiritual, reconociendo que nuestras única riqueza es Dios; en el orden material, haciendo un buen uso de las cosas, sin ser esclavo de ellas.

-castidad: lograr, con la ayuda de Dios, el dominio de todo mi ser.

-obediencia: buscar, descubrir y realizar la voluntad de Dios con alegría. Se manifiesta especialmente en nuestros superiores.

Con estos compromisos se sella la alianza de amor con Dios.

La vida consagrada se forma, desarrolla y alcanza la perfección en la vida comunitaria. La Comunidad de transforma en una escuela que nos enseña a amar a Dios y servir a los hermanos.

Ser Consagrada para Cristo, es descubrir que llevo un tesoro en vasijas de barro y que es Él, quien me va transformando poco a poco en un signo de esperanza para mis hermanos, resume Hna. Isabel.

Fuente: El desafío de ser un joven cristiano hoy, Padre Ricardo E. Facci y otros autores



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