"Quien negara la defensa a la persona humana más inocente y débil, a la persona ya concebida, aunque todavía no nacida, acometerá una grave violación del orden moral: nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Qué sentido tendría hablar de la dignidad del hombre, de sus derechos fundamentales, si no se protege a un inocente o incluso se facilitan los medios o servicios privados o públicos para destruir vidas humanas indefensas" (San Juan Pablo II).

Es preocupante que se legalice el aborto, pero mi mayor preocupación es que sea un tema que divida a la humanidad entre quienes están de acuerdo con la legalización del aborto y quienes defienden la vida. Todo ser humano debería defender la vida. Claro, para esto es importante que la vida de cada ser humano valga para él mismo.

En la actualidad se ha ido debilitando la conciencia sobre la gravedad del crimen del aborto. Los medios de comunicación social han minado la conciencia en este sentido, especialmente, presentando casos que tocan los sentimientos, haciendo perder la razonabilidad. El tema del aborto se ha ido introduciendo con todo el peso del relativismo social, haciendo que la mentalidad, las costumbres y las mismas leyes queden marcadas por una Real y poderosa crisis de la verdad sobre Dios, sobre el hombre, sobre el sentido moral, que hace al hombre alguien capaz de distinguir entre el bien y el mal.

Cada vez más estamos llamados a buscar la verdad, conocerla y difundirla, para que a cada cosa se la llame por su nombre: "Ay de los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad " (Is. 5,20).

Fuente: "Amar, proteger y defender la vida", Padre Ricardo E. Facci. Hogares Nuevos Ed.



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