Testimonio de las Consagradas Misioneras de la Familia Hna. Cecilia y Hna. Ángeles y el Hno.Sergio, futuro Sacerdote Misionero de la Familia

“Entonces les dijo: «Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación” (Mc. 16,15)

El pasado veinte de septiembre cumplimos un año de la llegada a Albania, un año desde el inicio de la misión de Hogares Nuevos en tierras albanesas.

Desde el momento en que llegamos, la riqueza de experiencias que recibimos en nuestras vidas han sido abundantes. No sólo en el aspecto espiritual, misionero, evangelizador sino también y fundamentalmente en el aspecto comunitario, en el compartir entre nosotros, conocernos, aceptarnos y amarnos. Cada uno de nosotros estabámos en realidades diferentes de misión y nunca antes habíamos compartido en profundidad la vida cotidiana, la misión. Es así que ha sido y sigue siendo una exigencia para cada uno el salir del “yo” para construir el “nosotros”. Por eso, la pandemia contribuyó a que “al estar quietos” podamos conocernos, profundicemos en el diálogo, en la vida espiritual, de oración, en el estudio de la lengua albanesa, el aprender la cultura y costumbres. Todo esto nos permite tener momentos fuertes y profundos de diálogo con todo lo que implica ello: escuchar amando. Entonces, construir y forjar una nueva comunidad sólida en Cristo, en una cultura totalmente diferente a la de nuestros países y aún a la cultura europea que conocemos, es el hermoso y gran desafío que el Señor nos está regalando.

Cierto que al iniciar una nueva misión, es normal que los pasos sean lentos, pequeños. Pero todo tiempo y ocasión es favorable. No podemos soñar un primer encuentro de matrimonios aún por toda la realidad global de la pandemia del Covid-19, pero al mismo tiempo es providencial. Ante los ojos del mundo es un tragedia, pero sin embargo, a pesar de ello, consideramos este tiempo como de profunda Gracia de Dios porque experimentamos fuertemente que Dios está sembrando su semilla y trabajando la tierra de nuestros propios corazones para prepararnos a la misión que realmente necesita que realicemos aquí.

“Los que siembran con lágrimas, cosecharán entre cantares” (Sal. 126, 5)

Otro aspecto que también debemos afrontar es que en otras oportunidades, al iniciar una nueva comunidad de Consagradas Misioneras de la Familia o de Sacerdotes Misioneros de la Familia, éstos se encontraban ya con matrimonios e hijos que acompañaban la llegada y el inicio de la nueva comunidad. Aquí en Albania, debemos construir cada vínculo desde cero, pues somos la primera con esta peculiar característica. Fue una experiencia fuerte y un poco dura, difícil, el no contar con matrimonios, familias, jóvenes que ya “hablasen nuestro mismo idioma”. Pero esta realidad no nos ha limitado, al contrario, nos ha impulsado a buscarlos, salir a su encuentro. La barrera ciertamente es el idioma, pero aún a pesar de ello, Dios nos concedió la Gracia de conocer algunas familias y forjar poco a poco vínculos cercanos en Cristo. ¡¡Quiera Dios que en el futuro sean Hogares Nuevos!!

Hay muchos matrimonios y familias jóvenes aquí en Albania. Sabemos que hay mucho trabajo que realizar. Vemos, contemplamos en los matrimonios que tienen sed de Dios y sin dudas que al tener el regalo del Encuentro de matrimonios, al encontrarse con el Cristo Conyugal, y llevarlo a vivir con ellos, Él hará nuevos a sus hogares, matrimonios y familias. Tenemos mucha esperanza e ilusión en esta misión y estamos seguros que los frutos serán abundantes cuando Dios lo disponga.

Experimentamos en nuestros corazones muchísima gratitud para con Dios por cada momento y experiencia, particularmente por cada persona que puso en nuestro camino, iniciando por Monseñor Ottavio, con quien llegamos a Albania, su cercanía y sostén en todo momento. Gracias a todos los sacerdotes, religiosos, comunidades de consagradas, familias, jóvenes que hemos conocido y en quiénes siempre hemos encontrado una gran apertura, acogida, disposición a ayudarnos y amor.

Seguimos encomendando esta misión a Santa Teresa de Calcuta y a los Beatos Mártires albaneses; que ellos intercedan ante Dios por nosotros ayudándonos en cada paso, presentándonos los matrimonios, preparando sus corazones y allanando los caminos para que puedan responder con generosidad a su llamado. Que María Reina de la Familia nos ampare bajo su manto maternal y siguiendo su ejemplo, siempre estemos prontos a decir Sí y ser fecundos en la misión.

Fuente: Consagradas Hna. Cecilia, Hna. Ángeles y Hno Sergio



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