“Para salir de una pandemia -dijo el Papa - tenemos que curarnos y curarnos unos a otros. Y hay que apoyar a los que se ocupan de los más débiles, los enfermos y los ancianos” y “este cuidado, también debemos dirigirlo a nuestra casa común: a la tierra ya toda criatura”.

“Todas las formas de vida están interconectadas, y nuestra salud depende de la de los ecosistemas que Dios creó y que nos ha encomendado cuidar. Abusar de él, en cambio, es un pecado grave que daña y enferma. El mejor antídoto para este uso indebido de nuestra casa común es la contemplación”.

“Nuestra casa común, la creación -reiteró- no es un mero 'recurso'. Las criaturas tienen un valor en sí mismas y “reflejan, cada una a su manera, un rayo de la infinita sabiduría y bondad de Dios”.

“Este valor y este rayo de luz divina hay que descubrirlo y, para descubrirlo, hay que callar, escuchar y contemplar. La contemplación también cura el alma”, indicó Francisco.

Y añadió: “Sin contemplación, es fácil caer en un antropocentrismo desequilibrado y soberbio, que exagera nuestro papel como seres humanos, posicionándonos como gobernantes absolutos de todas las demás criaturas”.

El Papa señaló que “hay una cosa que no debemos olvidar: quien no sabe contemplar la naturaleza y la creación, no sabe contemplar a las personas en su riqueza. Y quien vive para explotar la naturaleza, termina explotando a las personas y tratándolas como esclavas”. “Ésta es una ley universal: si no sabes contemplar la naturaleza, te será muy difícil poder contemplar al pueblo, la belleza del pueblo, el hermano, la hermana”.

Fuente: aica.org



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