El amor es en todo ámbito, una exigencia del minuto de cada día, pero muy especialmente para la vida matrimonial.

Cada pareja debe vivirlo día a día, en la vertiginosa lucha del minuto que se esfuma. Cada instante sin amor es un minuto de vida que quedó sin constuir y, lo que es peor, el riesgo que cuando no se construye en ese momento, se puede destruir otros construidos con mucho esmero.

El desafío es centrarse en la vida presente, poniendo al servicio del amor todas las energías, pensamientos, sensaciones y gozos.

La sabiduría enseña a amar hoy.

Los esposos que se aman, saben, acompañados de una suficiente madurez mental y psíquica, que para el amor no existe nada perfecto, sino imperfecto, saben disfrutar de lo cotidiano.

Cuando los esposos se cuidan, protegen y contemplan con amor, sin pedir nada a cambio, no se debe dudar un instante: se quieren verdaderamente. El gozo de amar, si además es correspondido, contribuye sobre manera a que suba la estima por los cielos, generando salud y madurez psicoafectiva.

Amarse día a día, es la señal de un matrimonio maduro, de quienes quieren lo mejor para el compañero de vida. La gracia de Dios acompaña, sepamos aprovecharla, el premio es el Amor, con mayúscula, que no termina jamás.

Fuente: El misterio del Amor Matrimonial, Padre Ricardo E. Facci



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