Dios es amor y fuente de todo amor perfecto. Toda comunidad familiar que intenta ser un verdadero hogar es reflejo de la Santísima Trinidad.

El amor en la Trinidad puede ser descrito en dos movimientos: el que tiene su origen en el Padre, fuente de vida y amor con el Hijo, y el segundo la unión de amor entre el Padre y el Hijo por la cual existe el Espíritu Santo. Ambos son inseparables.

Toda expresión verdadera del amor humano tiene estos dos movimientos: una, el amor verdadero que desea procrear otro ser y otra el amor que exige una unión real con este otro diferente.

En la familia ambos movimientos inseparables son muy claros: el primero, la familia es el lugar escogido por Dios en el cual se crea un nuevo ser, también es el lugar donde, a través del amor efectivo a su interior, el pequeño comienza a entender y desea una unión eterna de amor con Dios. El segundo, el acto conyugal, es un acto especial por el cual con Dios, ambos padres procrean sus pequeños y se unen en una profunda vida amorosa. Por lo tanto, el acto conyugal sólo puede ser hecho en el interior del matrimonio y con la finalidad de la procreación y en el marco de su realidad unitiva.

Fuente: La Trinidad y la familia, www.clerus.org



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