Después de Pentecostés como María, la Iglesia debe distinguirse con los rasgos de ternura, mansedumbre y amor para toda la humanidad.

La maternidad divina de la Virgen se extiende, por voluntad de Jesús, a la maternidad de todos los hombres, es decir, a la Iglesia misma en acto de entrega.

" Maria, Madre de la Iglesia, ayúdanos a encomendarnos plenamente a Jesús, a creer en su amor sobrenatural en tiempos de tribulación y muerte, cuando nuestra fe está llamada a madurar", ruega el Papa Francisco.

Fuente: vaticannews



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