La alegría, la paz y el amor son frutos del Espíritu Santo, que debemos poner al servicio de la Evangelización.

Sin el Espíritu no hay misión. La Iglesia necesita evangelizadores que se abran sin temor a la acción del Espíritu Santo. En Pentecostés, el Espíritu hace salir de sí mismos a los Apóstoles y los transforma en anunciadores de la grandeza de Dios, que cada uno comienza a entender en su propia lengua.

Él es el que hace arder el corazón y nos lleva a un servicio de amor, un lenguaje que todos pueden comprender.

Fuente: vaticannews



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