San José, un hombre justo.

Dios creó el mundo hermoso para el hombre, al que quiere feliz con El para siempre.

El hombre pecó, sigue pecando. Los seres humanos no saben cuánto los ama Dios, y buscando ser felices, se hacen más esclavos.

Se han hecho un dios a su medida, a la medida de sus deseos. Dios sigue buscando al hombre que se ha perdido.

José y María, a la inversa, buscaron a Jesús. (Lc. 2, 41). Con un amor que busca, que perdona, que crea. Esa fue su alegría. La alegría del encuentro, evidente en los tres, en la Sagrada Familia.

Cuando perdemos a Jesús sufrimos.

Jesús explica en tres parábolas la búsqueda: una mujer judía busca una moneda; un pastor busca una oveja; el Padre deja de buscar a su hijo, lo espera.

Espera que actúe su razón y amor. El Padre espera. Dios sufre por el pecador porque sabe que es débil, que pasa hambre, que ha perdido todo, menos su dignidad de hijo. El Padre es fiel.

San José es nuestro intercesor en la búsqueda de Jesús. Principalmente como modelo de oración. José padre en la fe, quien entregó al Redentor su juventud, su castidad, su santidad, en silencio.

Su acción hace suyo el salmo 88: "Mi Padre, mi Dios, mi Salvador…"

Este santo nos enseña que lo importante no es realizar grandes cosas, sino hacer bien la tarea que tenemos que hacer. Su grandeza reside en la sencillez de su vida. No hizo nada extraordinario, pero sí fue un eslabón fundamental en la historia de Salvación de la humanidad.

Lo importante ante Dios es la fe y el amor con el que teje el tapiz de su vida entre sus ocupaciones normales y corrientes. Dios nos preguntará si hicimos bien y con amor nuestra tarea.

Los Evangelios nos dicen poco de la vida de San José. Sólo Mateo escribe una concisa frase que resume su santidad: "era un hombre justo". Justo en el lenguaje bíblico designa a un hombre bueno en quien Dios se complace.

Sin llamar la atención, con la heroicidad del quehacer diario. Cumplió con Dios al cumplir las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad; y con el prójimo por medio de su apertura constante al servicio de los demás.

San José es prueba de que la santidad se construye minuto a minuto, en la práctica de las virtudes humanas sencillas pero verdaderas.

El humilde carpintero de Nazaret fue proclamado por Pío IX " Patrono de la Iglesia Universal " y "Custodio del Redentor" por Juan Pablo II. Custodio de la Sagrada Familia y de la Iglesia, gran familia de familias en la tierra.

Lo que nos dejó San José: "oír con sencillez la voz de Dios en nuestro interior y que lo importante es un corazón que ama".

Secretaría de Espiritualidad Hogares Nuevos.



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