Maria y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. (Lc. 2,42).

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús tuvo 12 años subieron como de costumbre. (Lc. 2,41-42).

La caravana ha partido de la fuente de Nazaret. Jesús está ansioso por comenzar el viaje. Los caminos de Jerusalén estaban colmados de gente, caminando, a caballo, en burro o camello.

Maria y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. (Lc. 2,42).

Miles de peregrinos van saliendo de Jerusalén. Hombres, por un lado, mujeres por otro y los niños con unos y otros. Los caminos se llenaban de gente. Las caravanas se reunieron para descansar y Jesús no apareció.

José y Maria fueron preguntando a parientes y conocidos. ¡Nadie había visto al Niño durante todo el camino! Desolación. Hay que volver a Jerusalén de inmediato.

Después de 3 días de búsqueda y agonía, lo encontraron. ¡¡¡Por fin!!! En el templo. Los rabinos comentaban las Escrituras en los días festivos y así ofrecían a los forasteros la posibilidad de realizar una especie de cursillo. (Lc. 2,43-45)
¿Hijo mío porque nos has hecho esto? Tu padre y yo te buscábamos

angustiados. (Lc. 2,48). Maria le da preferencia a José. Lo honra, lo pone delante. La frase "te buscábamos" indica unión de corazones. José es el verdadero esposo de Maria y está unido a ella en el dolor. Como hay unión de corazones, sufren juntos por la pérdida y separación de Jesús.

Cuando perdemos a Jesús sufrimos, cuando pecamos se produce un desequilibrio, una disociación entre el deber y el hacer. Los mandamientos de Dios no son arbitrarios. Él sabe lo que nos conviene y nos daña. La pérdida de Jesús nos causa dolor, angustia. " Te buscábamos angustiados".

En San José, el amor espiritual es más fuerte que el natural. El que ama con amor espiritual, dice San Juan de Avila, necesitaría 2 corazones: uno de carne para amar, y otro de hierro para recibir los golpes por la pérdida de los hijos espirituales. El corazón de Maria estaba destrozada de amargura. "Porque NOS has hecho esto?". Otra vez los dos, José y Maria, unidos en la misma duda. Y unidos en la misma acción: " te buscábamos".

Maria y José recibían la herida de la separación del Hijo: ¿porque me buscaban? (Lc. 2,49)

¿Qué dice? ¡Qué lenguaje es ese! Este no es el Jesús que ellos conocían. Jesús marca una línea clara de separación. Se les exige a esos padres un desprendimiento total. La noche del espíritu que Maria vivirá en el Calvario, se le adelanta a José en este momento. La colaboración de San José en la redención alcanza ahora un nuevo dolor. Y así fue toda su vida.

Secretaria de Espiritualidad de Hogares Nuevos



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