La oración por los hijos
P. Ricardo Facci
Es fundamental la oración por los hijos. Esto significa dialogar con el Dueño de los hijos, tratando de descubrir lo que él quiere de ellos. Además, orar por los hijos implica orar por los padres de esos hijos, o sea por sí mismos. La tarea de ser padres es, tal vez, una de las más importantes de la tierra, al menos la única irremplazable.
Quien quiera ser ingeniero tendrá que estudiar dieciocho años, además, una vez contratad para una obra, supongamos un puente sobre un río, tendrá que seguir estudiando: el ancho del río, la sedimentación del suelo, la erosión del agua, los materiales que utilizará, el peso que soportará, las temperaturas que influirán en la dilatación de los materiales, etc. ¿Y para ser papá y mamá, cuánto tiempo hay que estudiar? Ahora bien, el puente puede quedar perfecto. Pero también puede llegar a derrumbarse. En este caso aparecerá el tema en el centro de las noticias de un día, como catástrofe. Simplemente un puente se derrumbó, se volverá a tomar la balsa como se hizo siempre, hasta que pueda construirse nuevamente el puente. ¿Y si los padres se equivocan en la educación de sus hijos? ¿Qué balsa se vuelve a tomar? ¿A través del error educativo no se estará destruyendo una vida para siempre? ¿Esto aparecerá como catástrofe en la primera plana de los diarios algún día? No. Más aún, todos los días niños y jóvenes son enviados a la vida, sin un potencial educativo que les permita realizarse. Muchos hombres son verdaderas catástrofes. ¿Cuándo descubriremos que esto ocurre porque los padres no estuvieron o fallaron?
Ser padres es mucho más importante que ser ingeniero, economista, político, periodista, o cualquier otra profesión. Por esto es tan necesario orar por los hijos, orando por la responsabilidad de ser padres, pidiéndole a Dios, dueño de la vida:
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ser un mejor padre-madre;
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sabiduría para ser buen educador;
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capacidad para entender y escuchar a los hijos;
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valor para pedirles perdón;
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paciencia para no alterarse ante sus fallas;
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entendimiento para saber que el bien de los hijos está por encima del propio bien de los padres;
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justicia para que nunca se los castigue saciando el propio enojo;
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bondad para ser compañero y amigo de los hijos;
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luz para ser guía en el camino hacia él.















