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Los Desafíos de la familia de hoy

Los Desafíos de la familia de hoy

P. Ricardo E. Facci

 

Introducción

La situación de la familia de hoy y sus desafíos no se la puede describir de modo simple y sencillo con cuatro palabras. Es compleja. Tampoco se puede recargar las tintas en los aspectos negativos que sufre la familia.

Antes que nada, hay que afirmar que aunque la situación de la familia muestra profundos deterioros, y tal vez deba enfrentarse con una nueva serie de desafíos, debemos decir, que la gran mayoría de familias, o un porcentaje importante, responden a su vocación en esta institución que Dios diseñó. Hacen realidad aquí y ahora el principio. Porque si le plantearíamos a Jesús, los errores y horrores, de la familia en la actualidad, Él nos contestaría: “al principio no fue así” (Mt 19, 8).

La familia nace del Proyecto de Dios. El Papa Juan Pablo II, en Familiaris Consortio, nos dice: “Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen y conservándola continuamente en el ser. Dios inscribe en la humanidad del hombre y la mujer la vocación y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y la comunión. El amor es por tanto la vocación fundamental e innata de todo ser humano” (11). Uno de los modos de realización de ese amor es el matrimonio. ¡Familia sé lo que eres!

Por otro lado, observamos una creciente fragilidad en la familia, y no están ausentes problemas, tensiones y dificultades que suelen llevar a la destrucción (separación-divorcio) de la familia. En América Latina, lamentablemente es alta la proporción de quienes viven en uniones de hecho (ejemplo: amancebado, juntado y arrimado).

Hoy en día se observa que los jóvenes se acercan al matrimonio cada vez más grandes de edad y además, es necesaria una mayor preparación para evitar el fracaso, dado que la familia está amenazada y se la valora y defiende menos en la sociedad actual.

Algo positivo es la exigencia a una mayor comunicación de los esposos, una mejor dinámica dialogal entre los padres y los hijos, y una igualdad fundamental reconocida en la dignidad de ambos esposos. No cabe la menor duda de que, en general, se valora más a la mujer, aunque el “machismo” sigue demasiado arraigado en algunos ámbitos de Latinoamérica.

No podemos dejar de señalar un factor negativo, diría más, es uno de los mayores problemas, el cual proviene del trabajo (entiéndase el obligado –mano de obra barata- y no el derecho a sentirse parte constructora de la sociedad) de la mujer fuera del hogar, lo que reduce el tiempo de convivencia, de diálogo, de tiempo ofrecido a la dedicación y educación de los hijos, fenómeno que amenaza de modo creciente a los diversos países de Latinoamérica. Debemos señalar también, como algo negativo, que aparece un cierto temor a la maternidad y a la paternidad, cambiando la tendencia demográfica. Hecho que ha dañado la vieja Europa.

No dejemos de señalar el fenómeno de la migración que aísla la familia, la separa de su cultura, genera distancia con la familia grande. En las mismas ciudades la distancia afecta a las familias, dificulta sus relaciones.

La Familia nace del designio de Dios

La Familia surge en la misma creación de Dios. El hombre creado a imagen y semejanza de Dios está llamado a vivir en comunidad de amor. Dios es la plenitud de un amor infinito; un amor que es vida, que crea la comunidad-amor. Dios es un amor que desborda, por lo tanto, es la fuente inagotable, profunda, transformadora del amor y de la vida. Desde la resurrección de Jesucristo la plenitud de la vida y del amor es nuestro horizonte. Participar del misterio de vida y amor de Dios es nuestra esperanza.

A la luz de esta gran verdad podemos decir que la familia es mucho más que la célula básica de la sociedad que, en este caso, responde a los vínculos de sangre de nuestra naturaleza; la familia es mucho más que el resultado de un contrato jurídico; la familia es mucho más que un resultado de la cultura, atada a los tiempos y los cambios que ofrece la historia de la humanidad.

Nuestras familias son el modo más acabado de nuestra identidad, que nace del designio de Dios que nos ha creado a imagen y semejanza.

La familia vista desde la creación es el reflejo de la comunión de amor que es Dios mismo.

La familia vista desde la redención refleja la comunión de vida y amor que funda Jesús en relación con su Iglesia, como un sacramento de la nueva humanidad, nacida de la ofrenda del amor que es la cruz.

La familia vista desde la trascendencia del ser humano es como un sacramento, es decir, un signo concreto de la comunidad eterna, plena y feliz que constituye nuestra esperanza y más real de nuestro fin último. Es el ámbito de realización de la verdadera humanidad, comunión de vida y amor en la que habita el Dios amor, el Cristo vivo.

Quiso Dios, que en el centro de la creación surja la comunidad de amor y vida: un varón y una mujer llamados a ser un solo ser; llamados a ser fecundos; abiertos a una comunión en Dios, quien los capacita para ser fuente de amor y vida.

Pero sabemos bien que la familia está sometida a múltiples amenazas y debe afrontar grandes dificultades para poder responder a la misión que implica su vocación.

Hoy en día hay quienes consideran a la familia como algo perimido, que ya fue.

En los ámbitos sociales y políticos existen proyectos que enfrentan a la familia con el riesgo de la disolución. Los ámbitos de la economía, la educación y la sociedad están generando exclusión, individualismo y desintegración.

A través de la invasión que generan los Medios de Comunicación Social se han generado situaciones adversas y límites profundos en el mismo seno familiar: la incapacidad para el amor y el sacrificio, el miedo al sufrimiento, impidiendo la apertura y la entrega al otro, la inestabilidad afectivo-emocional que impide la fidelidad en el ámbito matrimonial. Pero, a pesar de todo esto, y de mucho más que podríamos describir, estamos dando nuestras capacidades, nuestro tiempo, la vida por la familia, esperanza de nuestro continente y del mundo entero.

Uniendo el designio de Dios sobre la familia, y la realidad amenazante sobre ella, descubrimos una serie de desafíos que la familia vive en la actualidad.

Los desafíos de la familia en la actualidad

1-En un mundo individualista se incapacita para amar.

El matrimonio y la familia es un precioso ámbito para reconocer y valorar el amor que proviene de Dios, que se hace amor tierno y esponsal. En el matrimonio el amor, cuando es verdadero, no se desgasta. Todo lo contrario.

Cada día que pasa ha de representar un crecimiento en el amor, jamás un enfriamiento del mismo. Cuando es auténtico el amor matrimonial el tiempo lo ahonda y fortalece, no lo desgasta. El amor que nace delante del Señor –en el altar- y que los esposos cultivan no está sujeto al desgaste como la energía o el tiempo. Al contrario. El amor se renueva y crece en los esposos que son cuidadosos de lo que los unió para siempre. La entrega recíproca de los esposos no depende sólo del vigor juvenil, o de un cuerpo esbelto ni de un esfuerzo de conservación física en la salud o en la estética. El vigor, la lozanía del amor, proviene de la autenticidad de éste, de su cultivo, de la generosidad de los esposos, por sobre todo, viene de Dios.

Permítanme una comparación. El vino mejor es el añejo. El mejor whisky es el añejado. El mejor tequila es el reposado. La mejor yerba es la estacionada. En las bodas de Caná (cfr Jn 2, 1-11), el vino mejor no se sirve al comienzo, sino que el Señor lo reservó para más tarde. En la dinámica de la vida, el matrimonio más sabroso es el añejado. ¡Qué hermoso contemplar dos ancianos esposos que se aman entrañablemente y no pueden vivir el uno sin el otro! Todos los días el amor de ustedes renueva este milagro de la conversión de la entrega de los esposos en un amor sólido y fuerte según la voluntad de Dios.

El verdadero amor no responde a sentimentalismos baratos, ni es igual a placer sexual. El placer sexual identificado con el amor o el construir relaciones en base a sentimentalismos conduce inexorablemente al fracaso y a la destrucción. Por supuesto, el amor contiene en sí una serie de sentimientos que lo generaron en los inicios, que contribuyen al sostenimiento de hoy, que hace soñar el futuro. El amor se expresa en el placer sexual, pero jamás puede identificarse con él.

Cuando se habla de amor se debe decir que Dios es amor, se puede hablar del amor del sacerdote, del consagrado, del amor entre padres e hijos, del amor de los novios, del amor de los esposos. En todos los casos hay un común denominador: el amor es darse, es entrega, es capaz de morir por el otro.

Hoy se llama amor a tener placer usando al otro, hoy se dice vamos a “hacer el amor”, ¡qué fácil se lo fabrica! Todos ustedes saben que el amor tiene muchas exigencias, no es “soplar y hacer botellas”, muchas veces cuesta lágrimas, sudores, siempre exige renuncias, no hay alternativas. Primero se lo realiza, cultiva, después se lo expresa.

Este espíritu y concepto del amor es el que hoy no se educa. Nos preocupa el hecho de que los jóvenes hoy no se enamoran, no se casan, si se casan no duran, es que están destruyendo la posibilidad del amor con la propuesta deformante del individualismo. El individualismo ha conducido a pensar en uno mismo, a “vivir la de uno”. Imposible para esta concepción pensar y realizar la oblación en el amor.

Este es un desafío concreto para la familia de hoy, lograr que triunfe el amor por sobre el individualismo.

2) La incapacidad del Amor no permite la madurez de la persona.

El individualismo destructor, al no permitir que aflore el amor en la persona, tampoco colabora con la posibilidad de que la persona madure. Imposible asumir compromisos para siempre.

Mientras la persona no salga de sí y asuma compromisos de responsabilidad en función de otras personas (llámese novia, esposa, esposo, hijos), no podrá lograr la madurez personal. Hoy en día vemos cómo muchos jóvenes de treinta años permanecen en casa con una dependencia del padre o de la madre. Algunos de estos jóvenes, hasta con hijos propios, viven esta realidad. Al no asumir las propias realidades se queda anclado en la inmadurez.

Las uniones de hecho, verdadera plaga en la actualidad, tampoco ayuda a la madurez. En la mayoría de los casos no existe un compromiso con el compañero/a de por vida, ni siquiera con respecto a los hijos, generando graves daños cuando la aventura de estos amoríos fracasa.

Fruto de la inmadurez, por la incapacidad de un amor verdadero, tiene espacio el flagelo que es una de las enfermedades sociales más destructiva de la actualidad: la separación y el divorcio (los que más sufren son los hijos, que tendrán como resultado –en general- una nueva posibilidad de inmadurez para sus vidas).

El caldo de cultivo es el llamado “amor libre”, una libertad sin responsabilidad que constituye la antítesis del amor y hace al hombre esclavo de los propios instintos y de las propias pasiones. Un accionar que motiva y promueve el no compromiso con el amor –no se casen-, ni con la vida –no tengan hijos-. Esta propuesta es fruto de un desarraigo cultural, de una anticivilización destructora, de una profunda crisis de la verdad, fruto de una crisis de conceptos. Domina la confusión que vacía y traiciona aquello que los conceptos significan por sí mismos, en este caso “amor”, “libertad”. El utilitarismo -emparentado con el individualismo- lleva a no respetar las personas, sino a utilizarlas como “cosas”; el “amor libre” esclaviza.

En lugar de la experiencia del amor hermoso las personas se hacen esclavas de su propia debilidad. Perdida la verdad del amor y la libertad, diríamos más, del hombre y del matrimonio, se crea un clima que favorece la esclavitud de los proyectos y programas que quieren dominar al hombre desde todas sus realidades. Proyectos culturales y políticos que pueden derivar en consecuencias nefastas para las personas y la sociedad. ¡A dónde iremos a parar! Esta sociedad ha renunciado a construir la civilización del amor para generar una civilización enferma que está produciendo graves alteraciones en el hombre y en la sociedad.

La madurez de las personas, integrantes del núcleo familiar es, evidentemente, un nuevo desafío para la familia de hoy. Especialmente en la formación de los hijos, los que deben saber claramente que la felicidad se construye de la mano del amor y no del egoísmo, del utilizar las personas, del odio, del placer. Formarlos en la capacidad de ser responsables de las personas que involucran en sus opciones: esposa/o, hijos.

3- La incapacidad de amar no genera la vida

Decíamos anteriormente que la propuesta es hacer uso del sexo pero sin compromiso con la vida. La vida es fruto del amor. En la persona de los primeros esposos, Dios deja un mandato para la humanidad, “crezcan y multiplíquense” (Gen). La propuesta individualista y materialista no quiere el amor, porque el amor genera la vida.

Han programado un mundo de pocos y ricos. Los pobres molestan. La familia es el ámbito seguro en el cual llegan los niños, fuera de ella llegan sólo por accidente no por opción.

Sin familia no hay vida. En la familia no sólo tenemos la oportunidad de que lleguen niños, sino que crecerán sanos, psicológica y moralmente. Los hijos son el centro de la vida familiar. Generar vida es parte esencial del matrimonio. “Los hijos son el regalo más hermoso, y contribuyen grandemente al bien de los padres mismos” (GS 50). Cada niño que llega a este mundo exige que se le reconozcan sus derechos, por sobre todo, el derecho a vivir, a nacer y crecer en un hogar, a tener no sólo dos padres (todos los tenemos) sino dos padres que se quieran.

La sociedad actual presiona a los gobiernos, a las democracias, a los congresos y parlamentos, a que generen leyes destructoras de la vida. Las nuevas generaciones están siendo atacadas y conducidas hacia el ‘no a la vida’.

En la defensa y promoción de la cultura de la vida se puede medir la salud misma de la democracia, cuyo auténtico sentido puede ser minado por un oscurecimiento de la conciencia de los pueblos. “El valor de la democracia se mantiene o cae con los valores que encarna y promueve: fundamentales e imprescindibles son ciertamente la dignidad de cada persona humana, el respeto de sus derechos inviolables e inalienables, así como considerar el ‘bien común’ como fin y criterio regulador de la vida política” (EV 71).

“Para el futuro de la sociedad y el desarrollo de una sana democracia, urge pues descubrir de nuevo la existencia de valores humanos y morales esenciales y originarios, que derivan de la verdad misma del ser humano y expresan y tutelan la dignidad de la persona. Son valores, por tanto, que ningún individuo, ninguna mayoría y ningún Estado nunca pueden crear, modificar o destruir, sino que deben sólo reconocer, respetar y promover” (EV 71).

Las nuevas generaciones están criándose con un espíritu anticoncepcionista, discutiendo si hay que aceptar el aborto o no, en medio de una sociedad que todo lo relativiza. Parecería que sólo son cuestiones de opinión. La vida humana es vida humana siempre. Nuestros jóvenes están creciendo en medio de una cultura que desprecia la vida: anticoncepción, aborto, violencia, secuestros, muertes violentas, guerras.

Me parece muy bien que se quiera hacer justicia con respecto a los desaparecidos de los años ’70. Pero, ¿quién pide justicia con los niños de los años ’70, ’80, ’90, los de ayer, que desaparecieron en cloacas de nuestras ciudades? Más aún, se corre el riesgo de que pronto la ley diga que está bien matarlos y arrojarlos a cualquier basural. Los que defendemos la vida corremos el riesgo de ser tratados como desestabilizadores de los gobiernos, de la democracia.

Un verdadero desafío para la familia. Valorar la vida en su seno. Enfrentar un mundo que desprecia la vida con el único arma de valorarla. Que los hijos sepan que sus vidas valen, son fruto del amor. ¿Cómo sembrar en el corazón del hijo el valor de su propia vida si sus padres atrapados por una sociedad materialista viven con temor de traer otro niño? Tanto escuchar esto, el que ya llegó pensará, ‘llegué como una molestia’.

4- En un mundo individualista, egoísta y materialista, que ha producido la incapacidad de amar, se genera la dificultad para la transmisión de los valores a la nueva generación.

Una de las mayores preocupaciones de los padres es el cómo transmitir valores a sus hijos. En una sociedad que ha dejado fuera de competencia a los padres a nivel de los consejos, otros se apoderaron de la llave de la educación. Los consejos llegan con un gran despliegue de diagramación, a cuatro colores, o con músicas pegadizas que tienen la posibilidad de repetir mil veces lo mismo, que no aburren, ni cansan.

Vivimos en una sociedad programada para que cada vez más los hijos quieran hacer uso de la libertad lo antes posible. Esto es sinónimo de estar preparada para que cuanto antes las nuevas generaciones puedan equivocarse. Quieren que hagan uso de la libertad sin conocer las consecuencias de cada una de las opciones. Además, al haber perdido los adultos la autoridad, quedan los jóvenes sin parámetros, sin modelos, para apoyarse en las decisiones. (Ej. Un niño generalmente no se va a quemar con fuego, a no ser que surja un accidente, tropezar o recibir un empujón, pero si es un gran riesgo quemarse con agua o aceite hirviendo. No conoce las consecuencias que esto le generará. Un adolescente no conoce la relación de causa-efecto de muchas de sus opciones. No conoce cómo va a repercutir en él las opciones de la adolescencia. En el primer caso los padres cuidan de que el niño no esté cerca de la olla hirviendo, o que el mango de la sartén no quede hacia fuera de la cocina. En el segundo, algo similar, hay que velar y cuidar por la libertad de los hijos adolescentes, para que no quede empeñada de por vida por sus diferentes opciones)

Lo que los papás quieren transmitir a sus hijos son fundamentalmente tres cosas: el valor de sus vidas, virtudes y hábitos, Dios.

Es un desafío transmitir el verdadero valor de la vida a hijos que les toca vivir en un mundo en el que se desprecia la vida humana. Es alarmante la cantidad de jóvenes que tienen baja estima. (Esto lleva como consecuencia alcoholismo, drogadicción, sexo libre, homosexualidad, vagancia, vivir sin proyectos de futuro). La vida de un hijo vale más que el resto de la creación.

Formar en las virtudes y los hábitos. Ésta es una gran carencia de los jóvenes en la actualidad y un verdadero desafío de la familia. Sin virtudes y hábitos es muy difícil generar hombres y mujeres, cabalmente hablando, que puedan construir una nueva sociedad.

Dios. Es todo un desafío la transmisión de la fe, sin ella no tiene sentido la vida. La fe da una óptica desde Dios sobre el valor de la persona, las cosas, el mundo. Ilumina frente a las diversas opciones de la vida. Ver como con los ojos de Dios. Criterios de eternidad. ¿Qué haría Cristo en mi lugar?

El gran desafío de los padres: proteger a sus hijos. Son un verdadero tesoro, el más precioso que Dios les ha confiado. No tengan miedo de educarlos, guiarlos, acompañarlos, brindarles tiempo a ellos que son el tesoro, saber escucharlos con cariño y ternura. Hay papás que tienen miedo de educar, exigir, y esto empobrece a los hijos. Sobre todo, sean ejemplo, un modelo de vida para sus hijos. Hay padres que por no educar correctamente y no ser modelos para sus hijos empeñan e hipotecan la felicidad y realización de sus hijos. El tema es más delicado aún siendo que hay una gran confusión sobre los “modelos”. Los Medios de Comunicación Social difunden y hasta imponen modelos falsos. Ídolos vacíos, verdaderas caricaturas, vidas sin norte, marchitas, aunque aparezcan maquilladas y sonrientes.

Educar a los hijos, otro desafío de la familia.

5- Las familias con poder económico, muchas veces pierden los valores esenciales de la vida, entre ellos, la espiritualidad y la capacidad de amar, transformándose en individualistas, materialistas y hedonistas. Otras Familias, fruto de la lucha cotidiana para poner el pan sobre la mesa, se destruyen y desangran perdiendo la oportunidad de compartir en familia o lo que es más grave, caen en la evasión del vicio y la promiscuidad.

Las familias que viven un fuerte crecimiento económico corren el riesgo de perder la espiritualidad, cayendo en una serie de situaciones y opciones materialistas y consumistas. Se deja de lado a Dios.

Las familias que luchan por el pan diario, en muchas oportunidades sufren la injusticia, sobrecargas de horas, salarios de hambre, trabajo de ambos padres, escasas posibilidades de compartir en familia, poca instrucción, hijos sin acompañamiento...

En muchas oportunidades esto desemboca en la evasión del vicio o la promiscuidad, que genera una espiral de pobreza.

Todo un desafío luchar contra la causa de la pobreza en las familias.

Conclusión

Ante una familia amenazada el cristiano está invitado a ser profeta de esperanza. Las amenazas son desafíos a los que hemos de responder en la fe.

Frente al mundo sumergido en tinieblas que quiere llevar al mismo ámbito a las familias, la más pequeñas de las lucecitas de la Palabra de Dios se vuelve faro, lucero, horizonte de esperanza.

Cuando se nos conduce a apagar la vida, el más pequeño gesto de solidaridad y caridad, el más pequeño gesto de generosidad y entrega en la promoción y cuidado de la vida, se transforma en un gran aliento para que brille la vida.

El más pequeño gesto de humildad en contribuir a que todos descubramos al Padre de los cielos como Padre de todos, se transforma en la más grande piedra sobre la cual podremos construir una humanidad nueva.

El más simple gesto de amor en una familia aporta a construir la civilización del amor.

Queridos hermanos,

lo sabemos, sin familia no hay futuro,

lo sabemos, creer en la familia es construir el futuro,

lo sabemos, ‘el futuro de la humanidad se fragua en la familia’,

por esto, sabemos que hoy más que nunca la sociedad necesita familias sanas,

sabemos, que Dios no es una soledad sino una familia, cada familia es signo y reflejo de Dios en la tierra,

sabemos, cuidar a la familia es cuidar el rostro de Dios en nuestro mundo.

Queridos amigos:

Si ustedes eligieron el tema familia, por algo es que lo eligieron, seguramente porque aman mucho a sus familias.

Los invito a trabajar con mucho empeño en bien de este don tan precioso y necesario, que Dios nos regaló.

 

 

Rezamos por

  • Roberto Perotto Ghi (Río Cuarto, Cba. Arg.)
  • Gino Scarano (Rosario, Sta Fe-Argentina)
  • César Perotto (Rìo Cuarto. Cba. Arg.)
  • María de Alvarez (Granada. España)

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