Mi deseo de ser hija de Hogares Nuevos
Queridos hermanos, deseo a través de estas líneas compartir con ustedes como ha llegado Hogares Nuevos a mi vida y ser testimonio de Cristo en la tarea evangelizadora a la cual nos llama.
Mi nombre es Soledad García, llegué a este mundo el 16 de octubre de 1985 en Pergamino, una ciudad de la provincia de Buenos Aires - Argentina. Al presente tengo 26 años y vivo junto a mi familia en mi ciudad natal, la misma esta compuesta por mis padres Marta y Rubén y tres hermanos menores: Matías (25), César (18) y Macarena (18).
Fui concebida en una familia católica, en la cual el amor de Dios y la oración permanecen en mí desde antes de nacer, siendo muy pequeña conocí el Movimiento Hogares Nuevos, pero no fue hasta septiembre de 2011 que pude decir: ¡SOY HIJA DE HOGARES NUEVOS!
Anteriormente, por el mes de julio, Dios me bendijo con la gracia de ir a misionar, en una provincia al norte de Argentina llamada Jujuy. Las primeras jornadas, me sentía pequeña e insignificante, tal como un grano de mostaza, sentía que mi lugar no estaba allí, que mis intereses eran otros. Sin embargo, en vez de enojarme y desvalorizar el esfuerzo de quienes organizaron esta misión, aprovechaba la misión y no dejaba de agradecer al Señor por las cosas que me había dado a lo largo de mi vida. Yo necesitaba que alguien mas lo supiera, ardía fuertemente en mi corazón la necesidad de mostrar a otros lo que de mi interior brotaba: esa necesidad de agradecer a Dios, por sobre todo. Al correr los días de misión fui conociendo las familias que ayudaron en la misión, en ellos se veía alegría, compromiso y amor, en ese momento comencé a experimentar que Hogares Nuevos es una verdadera OBRA DE CRISTO. Él se manifestaba ante mi a través de cada una de las personas que conocía, en la oración, en las manos que nos cocinaban, en la señora que me dio una cama para dormir, fue tanto amor que recibí, que sin lugar a dudas yo quería seguirlo, acercarme y nunca más separarme de ÉL.
Los días transcurrieron y de regreso a mi hogar les plantee a mis padres mi deseo de ser hija de Hogares Nuevos, así fue que en septiembre de 2011 ellos realizaron el 2º Encuentro de Buenos Aires, en Virrey del Pino, a partir de allí mi camino hacia la felicidad comenzó a solidificarse.
Con mucha felicidad deseaba que llegue el momento para hacer mi encuentro VIVIR, resulta que este se realizaría en Resistencia a más de 1000 km. de distancia de mi hogar, para realizarlo debía perder días de trabajo, viajar cuantiosas horas y era mucho el dinero que debía gastar. Tantas ansias y anhelos se habían convertido en una gran incógnita, debía tomar una decisión, sola no podía, por eso recurrí a la capilla, de rodillas pedí a la venerable María Crescencia Pérez que interceda por mi ante Dios y que necesitaba encontrar la respuesta. Esa misma tarde la recibí a través de un chiquito de tres años, al cual debí salvarle la vida, él iba a vivir gracias a mi valentía, por lo tanto, debía hacer el Encuentro Vivir. Ya no necesitaba más respuesta solo sacar el pasaje y partir.
El día 25 de noviembre de 2011 comenzó el tan deseado Encuentro de Hijos Vivir, allí fui bendecida con dos enseñanzas que han marcado mi vida para siempre. Por un lado se ha impregnado mi alma, mi cuerpo y mi corazón de la misericordia y amor de Dios y lo he visto en cada uno de mis compañeros, en cada una de las personas que me lo presentaron a través de charlas y sobre todo en el Sacramento de la Reconciliación. La segunda enseñanza que cultivé es acerca del Verdadero Amor Familiar y sobre todo poder decir a mi familia el inmenso amor que siento por ellos.
Hoy soy plenamente feliz, mi hogar se ha transformado en un HOGAR NUEVO, el amor de hermanos se hace visible ante otros ojos, el amor de mis padres se manifiesta ante los cariños que recibo de ellos, el amor conyugal alimenta cada día mis deseos de formar una familia como la que tengo, en este hogar no somos 6, sino que somos 7, porque Cristo vive en medio nuestro.
Todo lo que he dicho, aprendido, vivido y sentido deseo compartirlo con ustedes y así ser testimonio de Cristo ante el mundo.
Les comparto mi felicidad, les deseo todo bien.
Saluda atentamente.
Soledad García.
Pergamino – Buenos Aires
Argentina















