El tiempo de Ad viento tiene una duración de cuatro semanas. Este año 2019, comienza el domingo 1 de diciembre, y se prolonga hasta el 22 de diciembre. Los días del 16 al 24 de diciembre corresponden a la Novena de Navidad.

Podemos distinguir dos periodos:

En el primero de ellos, aparece con mayor relieve el aspecto escatológico y se nos orienta hacia la espera de la venida gloriosa de Cristo. Las lecturas de la misa invitan a vivir la esperanza en la venida del Señor en todos sus aspectos: su venida al final de los tiempos, su venida ahora, cada día, y su venida hace dos mil años.

En el segundo periodo se orienta más directamente a la preparación de la Navidad. Su nos invita a vivir con más alegría, porque estamos cerca del cumplimiento de lo que Dios había prometido. Los evangelios de estos días nos preparan ya directamente para el nacimiento de Jesús.

En la misa ya no rezamos el Gloria, se reduce la música con instrumentos, los adornos festivos, las vestiduras son de color morado, simboliza austeridad y penitencia. El decorado de la Iglesia es más sobrio.

SEMANA A SEMANA

Tenemos cuatro semanas en las que Domingo a Domingo nos vamos preparando para la venida del Señor.

La primera de las semanas de ad viento está centrada en la venida del Señor al final de los tiempos. La liturgia nos invita a estar en vela, manteniendo una especial actitud de conversión (Mt.24,37-44).” Velen y estén preparados que no saben cuándo llegará el momento”.

La segunda semana nos invita, por medio del Bautista a «preparar los caminos del Señor»; esto es, a mantener una actitud de permanente conversión (Mt.3,1-12). Jesús sigue llamándonos, pues la conversión es un camino que se recorre durante toda la vida.” Preparen el camino, Jesús ya llega”.

La tercera semana preanuncia ya la alegría mesiánica, pues ya está cada vez más cerca el día de la venida del Señor (Mt. 11,2-11).” ¿Quién soy yo para que la Madre de mi Señor venga a verme?”

Finalmente, la cuarta semana ya nos habla del advenimiento del Hijo de Dios al mundo. María es figura, central, y su espera es modelo estímulo de nuestra espera (Mt.1,18-24).” Aprender de María y aceptar a Cristo que es la LUZ del mundo”.

LA CORONA DE AD VIENTO

Los domingos de Ad viento la familia se reúne en torno a la corona de adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación.

La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.

Está formada por una gran variedad de símbolos:

La forma circular

El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.

Las ramas verdes

Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

Las cuatro velas

Nos hace pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios.

Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.

Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.

Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo, pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.

El listón rojo representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

Sugerencias:

a) Es preferible elaborar en familia la corona de Ad viento aprovechando este momento para motivar a los niños platicándoles acerca de esta costumbre y su significado.

b) La corona deberá ser colocada en un sitio especial dentro del hogar, de preferencia en un lugar fijo donde la puedan ver los niños de manera que ellos recuerden constantemente la venida de Jesús y la importancia de prepararse para ese momento.

A cada miembro de la familia se le puede asignar una tarea por ejemplo encender la vela, apagarla, hacer una oración, etc.

c) Es conveniente fijar con anticipación el horario en el que se prenderán las velas. Toda esta planeación hará que las cosas salgan mejor y que los niños vean y comprendan que es algo importante. Así como con anticipación preparamos la visita de un invitado importante, estamos haciendo esto con el invitado más importante que podemos tener en nuestra familia.



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