Entendí que ese pequeño momento de escucha para ellos habrá sido mucho; y algo que rescato es la generosidad de la gente el cual es un valor que no se olvida.

Tengo muchos sentimientos encontrados al escribir este testimonio de mi experiencia en la misión de Semana Santa, Tebicuarymi, Paraguay, porque conocí a personas increíbles y a las que ya conocía pude acercarme más a ellas.

Empecé el domingo 9 de abril, con esa expectativa de que sería la primera vez que iba a misionar y que no iba a pasar la Semana Santa con mi familia, entonces compartí con las hermanitas momentos muy lindos, y cuando llegó el día de visitar las casas al principio sentí nervios pero eso se disipo al hablar con las familias que te reciben con una sonrisa y aunque, se había hecho la primera misión para San Blas, para ellos ese momento de oración con ellos era bien recibido.

Me llegó mucho una señora que nunca tuvo una hija, sólo varones y al verme, dio un abrazo y una sonrisa, y también de una familia que perdieron a un hijo cuando eran jóvenes y sólo se tenían entre los dos, y que nos invitaron a compartir un momento de escucharles y tomar tereré con ellos, luego entendí que ese pequeño momento de escucha para ellos habrá sido mucho; y algo que rescato es la generosidad de la gente el cual es un valor que no se olvida.

También esta misión sirvió para animarme más a desenvolverme con las personas, porque soy muy callada, pero creo que esta experiencia marca un antes y un después en mi vida; y es muy lindo tener esas anécdotas de los momentos vividos, de haber pasado una Semana Santa viviendo en oración y por sobre todo esa reflexión de que quiero para mi vida y la reconciliación con Cristo, porque nos pueden pasar muchas cosas en lo cotidiano que nos hagan olvidarnos de él, pero si nos preguntamos en cada momento que haría Cristo en mi lugar nuestra vida tomaría un rumbo diferente, y poder ver a jóvenes que como yo quieren vivir su vida de la mano de Dios me hace pensar que vale la pena buscar un futuro mejor y que se puede, y si Dios vuelve a llamarme en la experiencia de misionar sin dudar diría que sí.

Sheyla Benitez.

Comunidad de Capiatá- Diócesis de San Lorenzo, Paraguay

 



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