Confío y creo mucho en los jóvenes. Me impacta el corazón joven. Un corazón joven tiene capacidad de admirarse ante las maravillas de la vida, de la naturaleza, de Dios. Tener un corazón joven es estar abierto a lo verdadero, lo bueno, lo bello, lo noble, a los altos ideales. El joven se abre a la vida, al amor; quiere construir un mundo nuevo, quiere cambiar el mundo que ha recibido de los adultos, lleno de guerras, injusticias, de relaciones falsas. Cree en la posibilidad de cambiar el mundo. Siempre he querido lo mismo, sueño con un mundo diferente desde Cristo. Transformación que se dará con los jóvenes, no sin ellos.
Queridos jóvenes, sé que buscan la verdad y el amor. Es cierto que también encuentran hoy, como siempre, numerosas provocaciones que pueden alejarlos de esta búsqueda, las falaces ilusiones de felicidad fugaz, pasajera y transitoria, más barata y, por supuesto, menos auténtica. También es cierto, que muchos de ustedes corren el riesgo de refugiarse en las soluciones fáciles de la droga, del sexo o del consumismo materialista e individualista, pero les ayudará mucho si siguen siendo generosos, dando todo lo que tienen, y poniéndose a disposición de sus hermanos, los Hijos de Hogares Nuevos y de la Iglesia, como lo están haciendo.
La clave del éxito de sus vidas es Cristo. No tengan miedo a encontrarse con el evangelio sin vueltas, en su pureza y en sus exigencias. Del mismo modo deben presentárselo a los demás jóvenes. Cristo lo hizo así con los suyos y suscitó adhesiones de una entrega que, en muchas ocasiones, culminó con el martirio. Algunos, quizás muchos, no aceptarán el ideal evangélico, pero otros muchos si lo harán. Sería un error acomodar el evangelio a las propuestas degradantes del mundo de hoy o recortarlo en su exigencia por temor a que no sea aceptado y querer engañar a los demás jóvenes y a ustedes mismos con espejismos del evangelio. No es eso lo que quieren ustedes queridos jóvenes, ni es eso lo que los hará felices.
El mundo de hoy y el de mañana necesita jóvenes íntegros. Prepárense para una vida madura, en el orden humano y cristiano. Teniendo siempre a Jesucristo, Dios y hombre, como modelo e ideal. De este modo, podrán ser hombres que respondan a las exigencias de formar una familia, de ser esposos y padres, profesionales formados en la ciencia y en la fe, obreros y empleados constructores de una civilización solidaria en el amor, ciudadanos de un mundo unido, piedras vivas y sólidas en el armazón de la Iglesia.
Siendo jóvenes de grandes ideales y luchadores por hacer concreto en la realidad esas metas, serán en el futuro los hombres –varones y mujeres- que construirán un mundo nuevo en Cristo Jesús.
Con el cariño de siempre y la bendición de Dios.
Padre Ricardo Facci





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