"En aquellos días María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: '¡tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno'". (Lc 1, 39-44)

María como Reina de la familia, Reina de nuestro hogar, desea ejercer ese reinado en cada una de nuestras familias. Quiere ser la conductora de nuestras casas. De este modo María Reina en la Iglesia se presenta concretando su accionar en cada una de nuestras familias. Para que María pueda reinar en cada hogar es fundamental que primero llegue a reinar en los corazones de los miembros de la familia. Una familia no existe sin sus miembros. Los logros familiares primero se van concretando en cada uno de los miembros de la familia. María desde la acogida que cada uno le brinda quiere ser la Reina, la dueña, la guía de toda la vida familiar. Cuando uno se abre a María encuentra en ella un signo de esperanza. María, Nuestra Señora de la Esperanza, desde el haber dicho sí en la Anunciación, renovado en cada exigencia de Dios en su vida, y expresado fundamentalmente en su actitud frente a la cruz, nos moviliza en la esperanza de encontrarnos definitivamente en el Reino. Ella, quien ya participa forzosamente de la convivencia con Dios. María nos llena de esperanza ante cada dificultad, situación dolorosa o apremiante, o ante la cruz concreta de cada día que vivimos como familia. María nos motiva en su "fiat", en su "sí". María al reinar en nuestras familias nos hace descubrir que nuestro "sí", como el caso de quien inició la vida familiar se debe expresar con la certeza de que están incluidos en el plan de salvación. Esto exige de nuestra parte la fidelidad para siempre dado, que no es cualquier "sí", sino un "sí" muy importante. María Reina antes de ocupar este cargo aprendió a obedecer. Buscó, descubrió y realizó la Voluntad de Dios. En esto es fundamental que lo imitemos los cristianos, pero al hablar de familia debemos decir que es imprescindible que los papás la imiten por sobretodas las cosas para que antes de conducir a los hijos se pregunten si están permitiendo que Dios los guíe a ellos. En las visiones humanas de nuestras realidades, generalmente identificamos a los reyes con el poder, la soberbia y el orgullo. María, en cambio, nos señala un camino totalmente diferente para la exaltación, el de la humildad. Así ella lo cantó: "derribó a los poderosos de sus tronos y elevó a los humildes. Llenó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con la manos vacías" (Lc 1, 52-53). María fue a una casa de familia, la de Zacarías e Isabel con una actitud profundamente misionera. Fue a llevar a Cristo. Actitud misionera que se prolonga después de Pentecostés al recibir el Espíritu Santo y que se concreta en nuestros días al llegar a nuestras casas. María no quiere abrir el hogar simplemente para estar ella sino para que entre Cristo a casa. Nos lo trae a nosotros para que gobierne en nuestra familia el Rey de Reyes. María es plenamente cristocéntrica y así como Reina desea colaborar con nosotros para que nuestro hogar haga el hueco que necesita Cristo para ingresar en él. Además nos enseña a llevar a Cristo a otras familias, descubriendo sus necesidades, como ella descubrió la necesidad de Isabel, fundamentalmente la necesidad de Cristo. La oímos a María: "hagan todo lo que Él les mande" (Jn 2, 5). Esta expresión confirma su actitud cristocéntrica y la misión nuestra de colaborar para que asumamos el mismo compromiso. María quiere que nosotros hagamos todo lo que su Hijo nos indica. María nos invita: abramos las puertas de nuestros corazones y hagamos a María Reina de las familias. No debemos tener miedo, el fruto que experimentaremos será el ingreso de Cristo como conductor de nuestro hogar.

Para orar en familia, oración a María, Reina de las Familias María, Reina de las familias, Reina del amor y de la vida, Reina de la fidelidad, Reina de la comprensión y la generosidad, Reina del amor esponsal, Reina del amor maternal y paternal, Reina de la relación entre padres e hijos, Reina de la concordia entre hermanos. Ponemos en tus manos nuestro hogar y familia bendícelo, gobiérnalo, construye la unidad entre nosotros, dignifícalo trayendo a Cristo a casa, y recuérdanos siempre que lo escuchemos y obedezcamos. Acompáñanos María por el camino de la Cruz, siembra en nuestros corazones la esperanza de la meta y como Reina intercede por nosotros, para que juntos podamos vivir contigo en el Reino eterno, prolongando de este modo el don del amor familiar, y la comunicación de la vida, en el Reino del Amor y la Vida, del cual tú ya participas. María, Reina de las familias te pedimos, como esposos y padres, que cuides nuestra fidelidad, nuestra entrega y generosidad, la conducción de los hijos en la verdad. Te pedimos como hijos que valoremos siempre a nuestros padres, que permitamos ser modelados en la formación por tu Hijo, como Reina cuida la unidad entre nosotros los hermanos. María, Reina de las familias, ven a reinar a nuestro hogar. María, Reina de las familias, ruega por nosotros, María, Reina de nuestro hogar, ruega por nosotros. Amén





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