Como conclusión puedo decir que terminé más misionado yo mismo que lo que misioné y que nunca voy a olvidar de esta experiencia.

Soy Emanuel Ortiz, tengo 17 años, soy de la localidad Curuzú Cuatia, Dióc. Goya (Corrientes), quiero compartir mi testimonio de la misión vivida en Semana Santa, en el Barrio Nicol, Dióc. Gregorio Laferrere, Bs As.

Si bien ya había tenido la experiencia de una misión, no fue nada comparada a esta, más que sólo estuve en la parte del servicio a la cocina, por lo que no viví nada comparado a esto.

A pesar de haberme dormido, despertándome en La Plata y tener que esperar seis horas hasta que me busquen, fue una experiencia inolvidable, nunca imaginé vivir algo similar.
En principio yo decidí ir para reencontrarme con mis amigos y amigas, termino siendo otra cosa distinta. El primer día que fui al barrio, llegamos a una capilla chiquita, el barrio era humilde igual que la mayoría de las personas.

Viví cosas increíbles esos días: llegábamos a casas donde personas necesitaban ese empujón para volver a abrir sus corazones a Cristo, personas que a pesar de ser humilde en lo material tenían un gran corazón, testimonios personales de sus encuentros con Jesús, personas que estaban alejadas de Cristo pero que gracias que estuvimos en sus casas le dieron de nuevo un lugar a Él, gente que necesitaban ser escuchadas y que le den un consejo, personas que a pesar de todo lo que les paso siguen al lado de Cristo.

También las personas que no nos habrían las puertas o que no querían hablar de Jesús pero lo terminaban haciendo, las familias evangelistas que nos trataban bien.

Esa gente vive otra realidad, otros problemas, dificultades, que hacen que los nuestros parezcan insignificantes.

Otra cosa, fueron las misas al igual que la Adoración al Santisimo de las mañanas, que aunque teníamos todos los días, cada una era particular, descubría cosas distintas, sentía cosas distintas. La Vía Dolorosa y lo oración de Jesús en el huerto de los olivos, fueron de los momentos más fuertes que viví junto con el testimonio de una mujer que nos contó que a ella le había dado un ACV, por lo que la dejó en cama sin poder mover ninguna parte del cuerpo. Una tarde la había dejado sola y escuchó una voz que le decía "levántate y camina", ella no le hacía caso hasta que al tercer día le dice ya de una manera más fuerte; en ese momento ella se levantó. Fue algo muy fuerte escucharlo.

También muy lindo fue conocer a la Comunidad de la Capilla “Jesús Misericordioso”, al Abuelo Roque, a los Misioneros de la Familia, a P. Carlos Enrique Gutiérrez Paredes, Sacerdote Misionero de la Familia, a mis compañeros al momento de misionar que fueron Hno. José Solano y Claudio. Con los otros Hijos de Hogares Nuevos viví también momentos inolvidables, a las chicas ya las conocía de la Jornada de Crecimiento, fueron ellas las que me invitaron a ir a la misión.

Cuando salíamos de la casa de retiro, cuando viajamos en colectivo, en los momentos libres, antes de dormir, en cada instante cantábamos y estábamos alegres. La jornada de Niños que realizamos, los testimonios entre los Hijos de Hogares Nuevos con Hno. Jonathan. Todos esos son momentos que nunca voy a olvidar.

Me encanto compartir con esas personas lo poco que se de Jesús, Posiblemente olvide de mencionar muchas cosas importantes, pero como conclusión puedo decir que terminé más misionado yo mismo que lo que misioné y que nunca voy a olvidar de esta experiencia.

Emanuel Ortiz
Curuzú Cuatia, Dióc de Goya

 



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